Llevo dos meses aproximadamente dando clases a adolescentes de tercer año de Preparatoria, sexto semestre. Tengo 23 años. Es la primera vez que lo hago. Ya casi harán dos años (en junio de este 2020) que egresé de la Lic. en Historia del Arte y Curaduría por la UDLAP.
Desde ese entonces y hasta inicios de este año, he participado en pequeños proyectos de conservación de piezas virreinales y su debida catalogación digital durante mis Prácticas Profesionales en el Museo Ex convento de Santa Mónica; de investigación de artistas y obra contemporánea en Latinoamérica durante mi Servicio Social para la Colección de Arte UDLAP; de investigación y un poco curaduría sobre la historia de la cerámica estannífera, en un museo-taller familiar de talavera llamado Museo Interactivo de Talavera Celia; de concientización sobre el deterioro y cuidado ambiental por medio del reciclaje en una feria cultural infantil; y por último, de apoyo de investigación y staff en el Museo UPAEP.
No obstante, a parte de un trabajo de sustituta de encargada de galería de arte y antes secretaría, no había trabajado nunca de manera formal, remunerada y continua, por lo cual, me sentía emocionada y nerviosa; pero asustada, indecisa, con muchas dudas, en pocas palabras: poco preparada para el ramo docente.
Mi idea de recién egresada, inocente y tierna, era dar clases a niños, aunque, evidentemente, no tuve la oportunidad, además de que, conforme pasaban los meses, me iba desencantando sobre muchas cosas, no solo a nivel profesional, sino también personal: dos veces intenté comenzar una maestría (en Imagen de moda y en Gestión cultural) y dos veces desistí; perdí tiempo y mis padres paciencia y recursos. Todo por lo anterior, me formé la idea del miedo.
Al final, al tercer intento, por casualidad, encontré la maestría en sabatina y presencial en Pedagogía que daba la UPAEP, aquella universidad que me había acogido cuando estaba perdida, en su precioso museo, con sus preciosas personas. Y me dije: "¿por qué no? De todas maneras ya habías pensado en algo relacionado con la enseñanza. Hazlo". Entonces le dije a mi mamá que otorgaban el 71% de beca SEP si obtenía de alguna institución pública o privada una carta que avalara mi trabajo en el área educativa. Entonces pensé en el Museo-Taller de Talavera Celia; así como en el mismo Museo UPAEP. Desoués de todo, había sido investigadora, curadora y aprendiz de tallerista. Parecía desigual, pero era el momento.
Pedí los papeles, la firma y el sello a la persona encargada de Administración y Recursos Humanos de Talavera Celia y del Museo UPAEP. Los conseguí. Fui a enttegarlos a las oficina de Posgrados UPAEP, y pasaron dos semanas hasta que me dieron la aceptación. Me alegré mucho, ya que por fin iba a "hacer las cosas bien". Entré a clases a la semana, y hasta la fecha, voy tranquila a la mitad del segundo cuatrimestre. Todo bien. Aprendiendo en la teoría, a enseñar.
Pero en enero del 2020 iba a entrar a dar clases, es cierto. Desde diciembre del 2010 había buscado esa alternativa, como "no hallaba otra". Y lo hice.
Ha sido difícil, eso es verdad, sobre todo porque hay que organizar bien las clases en contenidos, didácticas, tonos de voz y formas de ser y hacer interactuar con los chavxs. Responder más o menos a planes de trabajo, agendas, eventos escolares, exámenes, pase de lista, etc. Lo de escuelas. Es comprensible. Pero no muy agradable.
No soy muy creativa, ni divertida. Nunca lo he sido. Soy un tanto ratón de biblioteca. No sot muy afecta de personas más jóvenes qye yo. Pero he tenido que volverme un poco creativa y empática con ellxs, algunos de los cuales me recuerdan mi nerditud y estrés por hacer las cosas casi perfectas para conservar la beca, pero también porque me gustaba hacer las cosas bien y aprender. También sin querer me recuerdan que debo pedir consejos de profes de mis generaciones que hayan dado clases en áreas afines, cosa que ya he hecho con conocidxs que dan o han dado clases en artes, filosofía y humanidades.
He aprendido varias cosas desde que comencé, y ahora, con el no tan inesperado COVID-19, todxs los profes del Bachiller nos hemos tenido que adaptar, reinvitar, reaprender y escuchar peticiones sobre las clases en línea.
Esperemos (espero) que la situación cambie de un momento a otro, aunque sea paulatinamente, pero para bien. Aquí como historiadora del arte y profa, me siento más como alumna con tanto contenido al que darle "orden y progreso" desde una laptop.
Esperamos noticias positivas pronto. Y yo en particular espero la unión de profes jóvenes de artes y humanidades, en esta red, muy pronto.
¡Hagamos una red multi, inter y transdiciplinar!
✊😎💅🔥💚👩💻
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