Agenciamiento y mi dolor de cabeza
Tras unos días pesados, decidí tratar de calmar mi aparentemente perpetua ansiedad que ya se había transformado un tremendo dolor de cabeza. Como no quise tomar una pastilla o algo que me calmara el malestar de forma rápida, agarré mi libro de mandalas para colorear. Seguí el patrón de colores que ya había elegido hace unas semanas cuando empecé este dibujo específico, pero mientras hacía el movimiento mecánico de mi mano, recordé la lectura de Bennet y mi experiencia con ese papel y esos lápices cambiaron.
Me di cuenta que yo no controlaba mi mano completamente, más bien era como si el diseño en el papel estuviera guiándola. O más bien, como si mi mano al agarrar el color fuera una extensión de mi cuerpo, y este al tocar el papel, se fusionara todo en uno. Ya no éramos tres elementos separados, sino uno sólo: Gaby/color/papel. Eso sin contar la música que también entró en la relación para darle movimiento a mi mano (¿o la música siguiendo de alguna forma las líneas?); o mi respiración también aliada a todo el proceso.
En fin, sentí un impulso por dejarme llevar hacia el ritmo calmado del coloreado. Y lo curioso es que al entrar en esa relación, el acto de colorear mandalas efectivamente me quitó el estrés y el dolor de cabeza. Fue gracias a esa interacción por la que pude entrar en otro estado del ser, por lo menos en esa hora. No creí que el dibujar fuera realmente tan terapéutico, hasta que viví esta unión sin jerarquías.
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