To be surprised by what we see

Antes de ver este texto en clase y de haberlo leído (Bennett), un día iba caminando hacia el gimnasio, por donde está el campo en donde entrenan los de americano, y en vez de estar viendo a mi tonto celular (como usualmente lo hago), volteé hacia arriba y vi el cielo, y cómo el aire movía las ramas de los árboles. El hacer esto me trajo una sensación de sorpresa: el pensar en que algo que no vemos (el aire en este caso) puede mover cosas (ramas de árboles) me sorprendió, y al mismo tiempo me dio paz y dibujó una sonrisa en mi cara, porque es algo a lo que raramente ponemos atención pero que siempre está ahí. Después de haber presenciado esto, seguí pensando en cosas que no vemos pero que nos mueven, como por ejemplo el amor (creo, lol).

Ya después de leer el texto, la frase que da título a mi entrada, me recordó a lo que les acabo de contar. Y es que creo que en el mundo en el que vivimos actualmente, ya casi nada nos sorprende. Y pienso que el punto, es ponerle atención a las cosas a las que generalmente no les ponemos atención, porque son esas cosas las que nos mueven, y siempre lo harán.

Comments

Unknown said…
Esta fue una de las cosas que más me llamó la atención. Yo lo interpreté un poco más como costumbre, como no darle la suficiente importancia a cosas que damos por hecho. Son cosas como el aire, como el simple hecho de poder respirar. No lo vemos como la gran acción que es, como este acontecimiento que nuestro cuerpo ha aprendido. Estamos acostumbrados a hacerlo, se hace de manera inconsciente.

Hace poco vi un video de una mujer que respiró por si misma por primera vez. Había pasado toda su vida respirando por medio de máquinas y un transplante de pulmón (me parece, no estoy completamente segura de los detalles) le permitió hacerlo por si misma. En su cora se nota la emoción por poder hacerlo, la alegría de poder realizar esta función con su cuerpo por primera vez. Algo que para nosotros es inconsciente, obvio y hasta común fue para ella un suceso que la hizo llorar de felicidad.

Las cosas que pasan y que seguirán pasando, cosas comunes, no son menos dignas de respeto que las menos comunes. Las cosas extraordinarias no dejan de serlo porque nos acostumbremos a ellas, creo yo.

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